Reencuentros (5/7)

Cuando Raquel vio a Gonzalo, apoyado contra una barandilla que delimitaba la acera, con las manos en los bolsillos, las gafas de sol y la pose de seductor nato, no pudo evitar sonreír desenfadada. Aumentó el ritmo de sus pasos y se dirigió a él, que la saludó con dos besos afectuosos, en los que su mano se colocó sobre la cintura de ella. Charlaron de camino al restaurante, ella lo notaba más cercano a ella que en la ocasión anterior, y respiró aliviada al suponer que él no había leído la entrada de su blog. La elección de Gonzalo la agradó, tras haber visto infinidad de veces Lo que el viento se llevó, su película favorita, había tomado como propia una de las recomendaciones que la negra Mami hace a Escarlata: las damas, en público, deben comer como pajarillos. La conversación que mantenían era distendida y agradable, ella no paraba de enviarle mensajes corporales mostrándole la atracción que él le provocaba, y a la que esta vez, también parecía corresponder. De forma discreta, Gonzalo llamó al camarero y le entregó su tarjeta de crédito sin preguntar a cuánto ascendía la factura.

Compraron un café para llevar y caminaron hasta el parque de El Buen Retiro, se sentaron en un banco cerca del estanque, cerca, y entonces Zeke miró su reloj de pulsera. Si Raquel quería ir a buscar a Ren, pronto tendría que ir hacia el aeropuerto, sin embargo no parecía tener prisa. Aún así, era mejor asegurarse de que estaba entretenida, por lo que poniendo la mano en su nuca, se acercó a ella poco a poco y la besó lentamente. Ella respondió con pasión al beso, pasando sus brazos al rededor del cuello de él. Zeke bajó la mano hasta su cintura, aumentó el ritmo del beso, acercándola a él fingiendo una posesividad que no sentía en absoluto. Ella pareció comenzar a excitarse, cuando pararon un instante de besarse, ella le preguntó por su terapia. Gonzalo la miró y la informó de que esta había acabado, ella sonrió y continuó besándolo.

No tardaron demasiado en dirigirse al hotel, ya en la habitación él comenzó a acariciarla lentamente, necesitaba ganar el máximo tiempo posible e intentaba apaciguar hasta cierto punto la excitación de ella, que parecía dispuesta a abalanzarse sobre él. Zeke supo controlar la situación, tras una interminable serie de besos y caricias, comenzó a desnudarla con maestría hasta que después de unos largos preliminares, que nublaron la conciencia de Raquel, dejó que ella tomase el control, desnudándolo a él con ansias y sentándose sobre él para comenzar una relación sexual llena de gritos, gemidos y pasión, fingidos por la parte de él pero absolutamente sinceros por parte de la periodista. Al terminar ella se abrazó a él, y entonces recordó todas sus obligaciones. Miró el reloj de la mesilla, de aspecto retro y manecillas, tardó unos segundos en leer la hora, acostumbrada como estaba a los relojes digitales. Eran las siete de la tarde, pero no deseaba estar en otro sitio.

En el aeropuerto de Barajas, Ren no podía creérselo cuando vio que su maleta era la primera que se deslizaba por la cinta de equipajes, la cogió, no sin dificultad, y la arrastró hacia la salida. Buscó a Raquel con su mirada, pero no la encontró, por lo que encendió su teléfono móvil y la llamó. Tras cinco tonos saltó el contestador. Entonces envió un SMS a su madre para informarla de que había llegado bien, y esperó diez minutos. Raquel no aparecía y tampoco había contestado a la llamada, por lo que decidió no esperarla. En realidad no le apetecía estar con ella, solo llegar al fin a su apartamento y planificar sus primeros movimientos. No había tiempo que perder, y se sentía emocionada. Sonriendo, se dirigió hacia la parada de taxis, donde apenas había cola. Una mujer bajó del coche para ayudarla a colocar su equipaje en el maletero, y tras arrancar, ejerció la conducción temeraria de su taxi hasta llegar a su destino.

Una vez dentro del portal, Ren observó las escaleras y, por primera vez, echó de menos un ascensor. Comenzó el ascenso con tranquilidad, el edificio estaba silencioso, solo se oían los golpes que la maleta hacía cada vez que subía un escalón. En el descansillo del segundo piso paró un momento para tomar aliento y enfrentarse al último tramo de escaleras. Frente a su puerta, se sintió realizada y sonrió como una boba mirando por el hueco de la escalera. Cogió las llaves de su bolsillo y abrió la puerta de su casa, al intentar meter la maleta, sus ruedas se engancharon en el felpudo dificultándole un poco la tarea, lo suficiente para que soltase un par de improperios que había guardado desde que se había ido, su padre se habría escandalizado si la escuchara. Cerró la puerta y entonces se fijó en que sobre la barra de la cocina había una lata de bebida energizante abierta, las gotas que cubrían su superficie confirmaban que su contenido aún estaba frío. Se dio la vuelta instintivamente, y cuando estaba girando el pomo recibió un golpe que la dejó inconsciente.

Ren era una mujer delgada y de constitución estrecha. Para Nuria no fue difícil sentarla en la silla que había frente al escritorio del ordenador, atarla de pies y manos y amordazarla. Empujando la silla, la colocó frente al sofá y recuperó su lata de refresco. La terminó de dos tragos y tumbó la maleta de Ren en el suelo. Abrió el candado utilizando los utensilios que había utilizado para forzar la cerradura del piso y comenzó a investigar su interior. Sacó la ropa poco a poco, con cuidado de no desdoblarla, le gustaba que las cosas no se sumieran en el caos, aunque no fuesen las suyas. No encontró los papeles, buscó en los bolsillos exteriores con el mismo resultado. Buscó un doble fondo que no encontró, y entonces, ya algo impaciente, metió la ropa dentro, cerró la maleta y la dejó en un lugar donde no le molestaba. Miró el reloj de pared, eran las siete y cuarto de la tarde, supuso que Zeke tardaría aún un rato en llegar. Llenó una taza de agua y sentándose en el sofá frente a Ren, le arrojó el frío líquido a la cara. Esta recuperó la conciencia súbitamente y comenzó a removerse con fuerza para intentar desatarse, antes incluso de mirar a su alrededor. Pronto se dio por vencida y solo entonces se dio cuenta de que Nuria estaba frente a ella, se quedó mirándola paralizada, la belleza de aquella mujer parecía ejercer un efecto hipnótico, y aunque Ren no se dio cuenta, la tranquilizó ver allí a una mujer bella, en lugar de a un matón calvo y musculado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: