Reencuentros (7/7)

– En cuanto Nuria vuelva, te quitará la mordaza y comeremos algo. Luego nos contarás qué has hecho con esa información y dónde la has escondido.

No le dio palabras de consuelo, ni mencionó que si se sometía a sus deseos todo saldría bien. Simplemente se tumbó en el sofá y encendió la televisión buscando entre las distintas cadenas unos informativos. Nuria no tardó en volver con una bolsa repleta de comida étnica, y nada más olerla, el estómago de Ren comenzó a retorcerse haciendo un ruido que la avergonzó. Zeke y ella pusieron la mesa como si estuvieran en su casa, conocían la ubicación de todo y Ren se dio cuenta de que habían estudiado completamente su casa. Nuria recogió la pistola y la colocó sobre la mesa, frente a su plato, luego empujó la silla de Ren hasta colocarla junto a la mesa. Desató las ligaduras de sus manos y la libró de la mordaza, cuando se sentó frente a ella, Zeke se acercó poniendo sobre la mesa dos fuentes, una con aperitivos árabes y otra con los kebaps.

Nuria subió el volumen de la televisión mientras su compañero y Ren se habían lanzado como fieras a por la comida. Los miró, parecían dos niños pequeños el día que se pedía pizza para cenar. Nuria comía con delicadeza y estilo, a pequeños mordiscos, sin mancharse. Solo bebió dos veces, un vaso de agua antes de cenar, y otro después, fue la última en terminar. Zeke sacó una cajetilla de tabaco, le ofreció a Ren que negó con la cabeza, desde que le habían quitado la mordaza no había pronunciado ni una palabra, además odiaba el tabaco. Él se lo encendió y tras un par de caladas comenzó a hacer aros con el humo. Ren solo podía pensar en cuánto tiempo tardaría en eliminar el olor de su casa. Nuria se cruzó de brazos, apoyándose contra el respaldo de la silla, miraba a Zeke, comenzó a mover compulsivamente la pierna con gesto de impaciencia.

– Bien, antes o después tendremos que hablar, así que pongámonos a ello- Zeke parecía resignado, pensaba cómo ganarse la confianza de Ren sin molestar a Nuria, no era fácil-. Sé que ahora mismo no somos santos de tu devoción Ren, hemos entrado en tu casa, te hemos atado… Aún así, quiero que me cuentes qué pretendes conseguir con la información que tienes.

– Destapar lo que hacéis- contestó con aplomo-. El mundo también tiene derecho a beneficiarse de vuestros avances.

– ¿Derecho?- exclamó Nuria tras una carcajada irónica- La humanidad se está cargando el planeta, invierten en destrucción en lugar de gastar dinero y esfuerzos en mejorarlo. Si invirtieran lo que gastan en investigación militar y armamentística en cosas más importantes tendríais mejores sistemas de cultivo, curas para enfermedades que para vosotros son mortales, todo el mundo tendría acceso a la tecnología y a los sistemas de salud. Pero claro, es mejor lanzarse misiles para controlar pozos de petróleo, que ya va quedando poco, en vez de buscar una alternativa razonable y mejor. Si el mundo se está yendo a la mierda, sois vosotros los responsables. Y no tenemos que sacaros del agujero.

– ¿Cómo podéis ser capaces de no hacer pública la cura contra el cáncer?

Las dos se enzarzaron en una discusión que iba subiendo de tono, hasta que Zeke la zanjó con un carraspeo. Ambas lo miraron esperando que se decantase por uno u otro bando.

– Parecemos un grupo de abuelos intentando arreglar el mundo. Ren, somos presas de un sistema político, tanto tu como nosotros. Son sistemas diferentes, de acuerdo, pero no está en nuestra mano publicar la cura contra el cáncer ni ningún otro avance de NAN, así que esta discusión no nos lleva a ningún sitio. Nuria, intentemos exponer lo que queremos, si conseguimos que ella nos entienda quizás quiera ayudarnos.

Nuria sonrió de una forma que Ren no supo interpretar. Zeke miró a Ren, bebió dos sorbos de agua e hizo una pausa, eligiendo las palabras.

– NAN no es un sistema perfecto, aunque posiblemente se acerque más a ello que las democracias occidentales. Pero ese no el tema. Ren, necesitamos la información que tienes para reunirnos con el rey atlante, ya que Nuria necesita pedirle explicaciones. Nuestro sistema político mantiene al rey en el anonimato, y es imposible tener una audiencia con él a no ser burlando una antigua y desfasada ley, o consiguiendo entrar como nuevo atlante.

– ¿Se puede llegar a ser atlante?

– Si se destaca como intelectual, o como miliciano. Incluso mediante el matrimonio, pero centrémonos en lo importante. El escudo que Régine te ha dejado como herencia es el Sello de Poseidón, pero está incompleto. Ha de rellenarse con cuatro reliquias, una por cada elemento, más una extra, hecha con el metal que hizo prosperar a nuestra sociedad.

– Oricalco- afirmó Ren convencida.

– Hoy en día se llama coltan- ella se sorprendió-. Suponemos que en esos papeles están las localizaciones de las partes que nos faltan para completar el puzzle. Ahora mismo, tú y nosotros estamos en el mismo bando. NAN nos consideraría enemigos tanto a ti como a nosotros si supiera lo que pretendemos, y no dudarían en enviar a alguien para eliminarnos. Por suerte, tienes ante ti- señaló a Nuria- a la mejor miliciana de NAN. Podemos trabajar en equipo, buscar juntos nuestros propios intereses.

– No soy tan ilusa para pensar que después me dejaréis publicar todo lo que quiera.

– La otra opción que tienes, es que Nuria se enfade y comience a torturarte hasta que le digas lo que quiere. Ella no cree que puedas sernos de ayuda, pero yo si. Siempre podremos negociar qué puedes publicar y que no. De hecho, podríamos indicarte dónde conseguir documentos que hablan sobre dónde se encontraba la Atlántida en sus orígenes. No se conocen porque el código aún no ha sido descifrado, pero nosotros podríamos facilitártelo. Solo pretendo que todos salgamos beneficiados.

Ren comenzó a pensar. La oferta no era mala, no tan buena como publicar aquellos documentos íntegramente, pero a pesar de la relativa cortesía de Zeke, sabía que su situación no era buena. Nada le garantizaba que cuando no la necesitasen Nuria no la ejecutase, pero si decidía no colaborar, se enfrentaba a algo peor. Le estaba dando a elegir cuando solo tenía una opción.

– Los documentos fueron escaneados y ocultados en un servidor de internet privado con una seguridad que me atrevería a considerar una de las mejores del mundo. Sólo se puede acceder a él mediante mi teléfono. Enviando cierta contraseña mediante un mensaje de texto a un número concreto, los archivos se envían a mi correo. Están cifrados, y solo yo tengo el programa que los descodifica.

– ¿Y cómo has conseguido todo eso? ¿Eres una Bill Gates de la informática?- dijo Nuria incrédula.

– Mi padre ha financiado mi investigación. No le he contado nada sobre el contenido de los documentos- añadió al notar furia en los ojos de los atlantes-, pero he llegado a un trato con él. He gastado una fortuna en varios informáticos, que han creado todo este sistema. No se conocen entre ellos, en ocasiones he hecho el pedido a mi nombre y en otros a nombre de la empresa de mi padre, el servidor privado está en la caja fuerte del despacho de mi padre, un lugar blindado.

– Entonces envía la contraseña y danos esos documentos- exigió Nuria.

– Hay cien contraseñas diferentes, y cada una envía una parte. No os voy a dar todos los documentos. Os lo iré dando todo poco a poco, porque necesito tener la seguridad de que me vais a necesitar. Si se envía una contraseña incorrecta, los documentos serán filtrados a WikiLeaks. Así que si los queréis, me necesitáis, y os los iré dando cuando crea conveniente- se agachó y comenzó a desatarse los pies.

– Parece que ahora somos un equipo- Zeke adornó la frase con una sonrisa encantadora.

Nuria no parecía contenta.

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